| Tras el paso del huracán Irene -el primero de la temporada- se han levantado muchas voces criticando a las autoridades por exceso de celo a la hora de prevenir a la población sobre los efectos o consecuencias que pudiera ocasionar.
Hemos de recordar, que si bien Irene fue perdiendo intensidad con el paso de los días, dejó a su paso 33 víctimas mortales y numerosos daños materiales en EE.UU. - se calcula que está entre los 20 más costosos de la historia del país-.
La pregunta clave es; ¿Preferimos ser avisados exhaustivamente de una catástrofe, aunque luego su intensidad sea menor o que nos ocurra como a los ciudadanos de Nueva de Orleáns, a los que la llegada del huracán Katryna les alcanzó sin previo aviso?
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